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Monseñor Rivera y Damas en oración ante los cadáveres de los sacerdotes jesuitas asesinados la madrugada del 16 de noviembre de 1989, en la residencia de la UCA de San Salvador. En primer plano, el P. lgnacio Martín-Baró. A su izquierda, el P. Ignacio Ellacuría. A sus pies, el P. Segundo Montes. (Foto Patrick Chauvel-SYGMA).

Nuestra revista Encuentro dedica este número a la memoria de los seis jesuitas asesinados en la UCA (Universidad Católica) de San Salvador, juntamente con dos empleadas domésticas, el día 16 de diciembre de 1989. Este hecho llenó de estupor a quienes conocieron de cerca a los asesinados, su trabajo y su profunda dedicación al servicio del pueblo salvadoreño. Si el asesinato de Monseñor Romero y cl asesinato de religiosas y sacerdotes (Rutilio Grande, Ita Ford, Maura Clark, Dorothy Kazel, Jean Donnovan, Carlos Pérez Alonso, Octavio Ortiz, entre otros...) forman parte de un "magnicidio" al que, en cierta forma, pareciera nos vamos acostumbrando, la sevicia dcl caso dc nuestros hermanos jesuitas y las empleadas domésticas supera cualquier crueldad imaginable. El hecho se produjo cuando ya se había iniciado el ataque generalizado del FMLN sobre San Salvador, cuando un estricto toque de queda controlaba el país y ya el campus de la UCA, en el que vivían los jesuitas, estaba bajo control militar. Es importante tener en cuenta estos datos para entender el hecho de manera adecuada.

La UCA de Managua, hermana gemela, aunque un tanto venida a menos, de la UCA de San Salvador, no puede callar. Y, aunque ha hablado sobre el triste hecho en varias ocasiones, quiere repetir, una vez más y de manera oficial, su palabra de condena. Y quiere demostrar, con cariño y ardor, su hermandad con la otra UCA.

En Centroamérica, durante los últimos 25 años, las fuerzas de la derecha han desatado una cacería humana en contra de la Universidad, en contra de la inteligencia. La Universidad de San Carlos, en Guatemala, o la Universidad de El Salvador, en San Salvador, han sido las víctimas más señaladas de esta cacería. Pero hasta ahora nunca había ocurrido que se decapitara a una universidad, al matar a casi toda su dirección: el rector, un vicerrector y cuatro directores de institutos y departamentos muy vitales de la UCA de San Salvador.

En vida de las personas normalmente hablamos de sus defectos; después de la muerte comienzan los panegíricos. En este caso, sin ningún afán panegírico, teniendo en cuenta los defectos y limitaciones de los jesuitas (a las dos mujeres no las conocí como para opinar con fundamento), hay que decir que se trataba de un equipo extraordinario por sus cualidades personales, sus cualificaciones académicas y, principalmente, por su pasión cristiana de servir al pueblo salvadoreño y centroamericano, a la causa de la paz basada en la justicia. Era un grupo de personas (de cuadros, diríamos en lenguaje político) que habían tomado con la seriedad debida lo que es hoy la misión de la Compañía de Jesús: "Comprometerse, bajo el estandarte de la cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige" (C.G.XXXII).

Ese compromiso los llevó a la muerte. Sin pretender canonizaciones prematuras, podemos esperar que un día serán públicamente declarados por la Iglesia -como lo hace ya el pueblo cristiano de Centroamérica- "mártires de la fe y la justicia", "los jesuitas mártires de San Salvador", "Ignacio y compañeros mártires"... Cristianamente hablando, hay que decir: "merecieron la palma, la gracia, del martirio".

En esa "lucha crucial de nuestro tiempo", el capital, el dinero y el ejército han reaccionado con una violencia represiva tan brutal que no duda ante la tortura y cl asesinato. Las balas asesinas fueron fabricadas en los Estados Unidos, como otras muchas que han segado la vida de tantos centroamericanos durante estos años.

Nuestra universidad se duele con la UCA de San Salvador y lamenta la muerte de universitarios tan cualificados; uno de ellos, el padre Amando López, ex-rector de esta UCA. A1 mismo tiempo, en esa sangre derramada encuentra inspiración para seguir adelante, luchando, con fe, con esperanza y con amor, por una Centroamérica convertida no en campo de batalla sino en terreno fértil para la paz construida en justicia.

La sangre derramada de nuestros seis hermanos y de las dos empleadas se convierte en clamor de los desposeídos de la tierra. Los jesuitas murieron luchando por una paz en justicia, asunto en el que juega un papel decisivo la postura del gobierno de los Estados Unidos. Ojalá esta sangre derramada lleve al ejército salvadoreño a dialogar y negociar.

A1 escribir estas líneas, el presidente Cristiani anuncia, sin dar nombres, que miembros de las fuerzas armadas salvadoreñas están implicados en el cruel asesinato. Y, entonces, continuará, se condicionará o cesará la ayuda militar de los Estados Unidos al gobierno de El Salvador?.

Nuestra Universidad Centroamericana considera cl ejemplo de los jesuitas como un aliciente para continuar sirviendo en la docencia, la investigación, la promoción social y el esfuerzo por ser conciencia crítica de la sociedad.
César Jerez, S.J. Managua, 9 de Enero de 1990. SEMBLANZAS:

Gran parte del contenido de estas semblanzas está tomado, muchas veces literalmente, del número 159, extraordinario, de i revista "Noticias SJ. Provincia Centroamericana", San Salador, Diciembre 1989, y del número 100 de la revista "Envío", Managua, Diciembre 1989.

ELBA Y CELINA RAMOS
Elba nació en Santiago María, cantón Las Flores, el ~ 5 de marzo de 1947. Su madre era de Usulután y vendía frutas. Su padre trabajaba como mandador de una finca de Usulután, llamada Los Horcones. En 1967 conoció Elba a su esposo, con quien habría de convivir 22 años, durante la temporada de cortes de café en la finca El Paraíso, en Santa Tecla. Por entonces Elba trabajaba como empleada doméstica en San Salvador y su esposo como capataz de Los Horcones.

Pronto se mudaron a una finca de don Ernesto Liebes, en Santa Tecla, quien los ayudó económicamente hasta su muerte, en 1970, en uno de los primeros secuestros. Entonces se trasladaron a la hacienda Las Minas, en Jayaque, donde el esposo cuidaba la finca y, con Elba, sembraba y cosechaba maíz y frijoles. Celina Marisela nació el 27 de Febrero de 1973, en el hospital San Rafael de Santa Tecla. Era su tercer retoño; el primero, un varoncito, nació muerto, y el segundo, otro varoncito, murió poco tiempo después de nacer.

En 1976 la familia, buscando mejor vida, se trasladó a Acajutla, donde vivían la madre y una hermana casada de Elba. Como su madre, Elba se dedicó al negocio de las frutas y abrió una tiendecita en el barrio Los Coquitos, cerca de la playa. Su esposo consiguió trabajo en la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma, cargando, en los barcos, sacos de café-oro y descargando mercancías de exportación. Ese año Elba y su esposo tuvieron su cuarto hijo.

En 1979 dejaron Acajutla porque la importación disminuyó con la quema de fábricas y el esposo de Elba, que no era fijo, quedó desempleado. Regresaron, entonces, a Santa Tecla y alquilaron una casita muy pobre cn un sector de la colonia Las Delicias llamado "El Chorizo" por tener las casas "enchorizadas". La casa era un cuartón de piso de tierra dividido a la mitad por una cortina. Él consiguió trabajo como jardinero, con una familia muy rica de la colonia San Francisco de San Salvador, mientras Elba atendía los niños en Santa Tecla.

En 1985 la familia rica de la colonia San Francisco abandonó el país, debido a la Reforma Agraria, y cl esposo de Elba se empleó como celador nocturno en la colonia Acovit de Santa Tecla. Entonces Elba comenzó a trabajar con los jesuitas en el recién abierto Teologado de Antiguo Cuscatlán, cocinando y limpiando la casa.

En julio de 1989 el esposo comenzó a trabajar como guardián de la UCA. Semanas después, la familia completa se mudó a la casita del guardián. Elba siguió trabajando en el Teologado, no en la Residencia de la UCA.

Celina había estudiado los seis años de primaria en el Luisa de Marillac y el tercer ciclo (séptimo a noveno) en el Instituto José Damián Villacorta, ambos de Santa Tecla. En 1989 ganó el primer año de bachillerato comercial y obtuvo una beca de mil colones. Por la exigencia de las calificaciones dejó la selección de basket, su trabajo como catequista en Las Delicias y no pudo entrar en la banda de guerra, actividades que atraían su carácter inquieto. Tenía dos años de noviazgo con un compañero de la selección de basket del Instituto. Pensaban casarse en diciembre, dependiendo de lo que dijera "la niña Elba"...

Elba era una persona excepcional. Fiel, discreta, intuitiva para reconocer los problemas de los demás. Hablaba con poesía, como en metáforas, cuando aconsejaba al que veía triste. El miércoles 15 de noviembre lavó un vestido negro de flores rosadas, el mejor que tenía, para dárselo a una mujer de la colonia Zacamil que se había refugiado en el teologado, huyendo de los bombardeos. Pensaba entregárselo al día siguiente...

Ese miércoles Elba y Celina subieron al teologado desde la casita del guardián (unos 15 minutos a pie) y se llevaron su ropa, por si no podían luego bajar y tenían que dormir allí. Desde el domingo, madre e hija no habían dormido en la casita porque el sábado había estallado una bomba en el portón. Pero ese miércoles en la tarde regresaron las dos desde el teologado a la residencia de la UCA. Los teólogos les dijeron que se quedaran en el teologado pero Elba no quiso, por no alejarse de su esposo. Él tenía que vigilar el portón y ella quería hacerle la cena. Sin embargo, ellas no durmieron en la casita sino en la sala de la residencia de la UCA, atendiendo una invitación dcl padre Amando López quien supuso que allí estarían más seguras. Todavía esa noche cocinaron la cena. El esposo de Elba durmió en la casita y se salvó. El hermano menor de Celina se había ido con sus primos, desde cl sábado, a Acajutla, y también se salvó.

JOAQUIN LOPEZ Y LOPEZ, S.J. (LOLO)
Nació en Santa Ana en 1918, de una rica familia cafetalera y ganadera. Terminó su secundaria en el instituto apostólico de Santa Tecla, una especie de preseminario. Recibió su formación humanística y filosófica en El Paso, Texas, y realizó toda su vida sacerdotal en El Salvador, dedicándose fundamentalmente a la educación y promoción social de los pobres. Desde hacía muchos años era director nacional de los diferentes proyectos de "Fe y Alegría"-en El Salvador, entre ellos sus 13 escuelas y 12 talleres para la educación de 8.000 niños y sus 2 clínicas populares que han atendido más de 50 mil personas.

En 1964 comenzó la campaña de recolección de fondos y búsqueda de apoyo para la aprobación legal, la cesión de los terrenos y la construcción de la UCA. Durante muchos años fue secretario de la Facultad de Ciencias del Hombre y la Naturaleza. Cuando se reorganizó la comunidad universitaria en 1988, el P. Ellacuría sc interesó especialmente en la presencia de Lolo en la UCA quizás pensando en el vigésimo quinto cumpleaños de la universidad, en 1990.

Tenía un cáncer avanzado, pero no quería retirarse del trabajo ni se cuidaba demasiado. Durante toda su vida fue ejemplar su austeridad consigo mismo y su preferencia por las cosas usadas. Manejó mucho dinero, con absoluta limpieza. Fue el primer asesinado la noche dcl miércoles 15 al jueves 16 de noviembre. No pudo celebrar, en esta vida, los 25 años de su Universidad.

IGNACIO ELLACURIA, S.J. (ELLACU)
Nacido en Portugalete (Vizcaya), en 1930, a los 17 años ingresó en la Compañía de Jesús y dos años después viajó a Ecuador y El Salvador, donde estudió humanidades y filosofía. Filósofo por vocación, se especializó, en Innsbruck, con Karl Rahner y, en Madrid, con Xavier Zubiri, de quien llegó a ser discípulo predilecto, certero intérprete y editor póstumo.

En Innsbruck (1958-62) tuvo su primer choque fuerte con las estructuras autoritarias. Era el líder de la contestación y los superiores de Austria estuvieron a punto de devolverlo a Centroamérica. En Madrid (1962-66) apoyaría después la huelga de los estudiantes de Comillas, ofreciéndoles clases alternativas mientras él hacía sus estudios de doctorado.

Regresó a El Salvador en 1967. Cre6, en la UCA, entre 1968 y 1972, la Facultad de Ciencias del Hombre y la Naturaleza, el Departamento de Filosofía y el Centro de Reflexión Teo1ógica; recreó la revista Estudios Centro Americanos (ECA), que vendría a ser el constante medio de difusión de su pensamiento crítico y su principal cátedra universitaria; y fundó la Revista Latinoamericana de Teología. Se nacionalizó salvadoreño en 1975.

En junio de ese año el gobierno salvadoreño decretó la creación del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA). Ellacu y la UCA apoyaron el decreto, por considerarlo de beneficio popular, contra la oligarquía terrateniente, por un lado, y contra algunas organizaciones populares, como el Bloque Popular Revolucionario, por otro lado. Pero cuando el gobierno dio marcha atrás, dominado por la presión de los finqueros, Ellacu escribió en ECA el célebre editorial, dirigido al presidente Molina, titulado "A sus órdenes, mi capital!". Ese editorial le costó a la UCA la eliminación del subsidio del presupuesto nacional y más de cinco atentados dinamiteros de la "Unión Guerrera Blanca" (UGB).

En diciembre de 1976 Ellacu viajó a España para cumplir su compromiso de todos los años con el maestro Zubiri. En marzo de 1977 cayó asesinado el P. Rutilio Grande y la UGB amenazó de muerte a todos los jesuitas que no salieran de El Salvador. Ninguno salió, pero se consideró más prudente que Ellacu se mantuviera fuera hasta agosto de 1978. A fines de 1979 fue nombrado Rector -cargo que desempeñó hasta su muerte- en sustitución del Ing. Román Mayorga, quien fue llevado a la Junta de Gobierno por el golpe de estado de ese año.

Tras el fracaso de la Junta se desató la violencia que segó la vida de Monseñor Romero, en marzo de 1980. Ya en febrero había sido ametrallada la Residencia y el 29 de junio dos bombas destruyeron casi totalmente la imprenta universitaria. A fines de ese año viajó de nuevo a Madrid para continuar su trabajo con Zubiri. Estando allí se desencadenó la ofensiva de Enero de 1981 y Ellacu, sin dejar de ser Rector, permaneció fuera de El Salvador hasta abril de 1982. En ese período comenzó a madurar su intuición de que sólo una "tercera fuerza", una fuerza social, podría sacar al país del empate destructivo entre el FMLN-FDR, de un lado, y el gobierno, apoyado por los Estados Unidos, del otro.

En octubre de 1985, junto con el Arzobispo Rivera y Damas, actuó como mediador en el canje dc la hija de Duarte por 22 presos políticos y 101 lisiados o heridos dc guerra. Ese mismo año fundó la Cátedra de la Realidad Nacional (CRN), donde elaboró mejor sus tesis sobre la "tercera fuerza", acusada de tercerismo, dc ser una solución no-revolucionaria, cobertura dcl reformismo capitalista. Pero él afirmaba que la causa fundamental del conflicto salvadoreño es la injusticia estructural y que la solución económica que proponía la tercera fuerza habría de romper el esquema de explotación y opresión, superando la lucha de clases violenta.

A mediados de 1989 tomó posesión el presidente Cristiani. A1 analizar los 100 primeros días dcl gobicrno de ARENA, Ellacu escribió en ECA: "se va consolidando en el gobierno la línea civilista de Cristiani frente a la línea militarista de D'Aubuisson y a la línea escuadronista de cabeza clandestina". Y propuso esa observación (quizás profecía autocumplida) como razón de esperanza. En privado también hablaba de esas tres tendencias de ARENA y comentó -por primera vez desde 1982-: "ahora sí puede pasar", refiriéndose al peligro cierto de ser asesinado. El 6 de Noviembre de 1989, Ellacu recibió en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona la sexta edición del Premio Internacional Alfonso Comín. Cuando regresó a San Salvador, el lunes 13, por la tarde, se encontró con la ciudad en guerra total.

No estaba de acuerdo con la iniciativa del FMLN de lanzar la ofensiva, porque pensaba que así se dañaban los esfuerzos de dialogo. A las dos horas, un numeroso contingente dcl batallón Atlacatl allanó la Residencia de la UCA para hacer un cateo de reconocimiento, a fondo, que duró otras dos horas. El miércoles 15, por la tarde, Roberto D'Aubuisson llamó, por cadena de televisión, a "acabar dc una vez con los piricuacos y subversivos". A medianoche, unos 30 hombres del Atlacatl obligaron a Ellacu a contemplar, antes de asesinarlo, la masacre de su comunidad, de aquel equipo irrepetible de sacerdotes jesuitas, universitarios y revolucionarios desarmados cuya proyecto personal fue -predicho en palabras prospectivas dcl mismo Ellacu- "la disponibilidad de dar la vida por los demás, en la entrega cuotidiana incansable o en el sacrificio hasta la muerte, padecida violentamente".

SEGUNDO MONTES MOZO, S.J.
Nació en España, en 1935, y era salvadoreño por nacionalización. En la Compañía de Jesús, desde los primeros años de magisterio, se dedicó a la física y a las ciencias exactas. (Horas antes del crimen había estado haciendo las conexiones del teléfono de la nueva Residencia). Era el superior de la comunidad.

De prefecto de disciplina pasó a ser director administrativo y, luego, rector del Externado. Pero las demandas de la Universidad lo fueron sacando, poco a poco, del Colegio y se fue a Madrid a estudiar antropología, pensando que tal vez habría de serle más útil a El Salvador como analista social que como físico. Después de graduarse cum laude, en 1978, con una tesis sobre las estructuras del compadrazgo en El Salvador, regresó a la UCA a enseñar sociología, a dirigir el Departamento de Sociología y Política y a fundar el Instituto de Derechos Humanos. Era probablemente el miembro del equipo que conocía mejor la realidad social concreta de El Salvador.

Últimamente se había dedicado con pasión al estudio pionero de la situación social de los desplazados y refugiados salvadoreños en Centroamérica y en los Estados Unidos. Colaboró con la experiencia de desarrollo comunal puesta en práctica, con ayuda internacional, por los refugiados salvadoreños del campamento de Colomoncagua, en Honduras. Desde 1984 atendía pastoralmente una colonia pobre de Santa Tecla, llamada Quezaltepeque.

A principios de noviembre viajó a Washington, D.C., para recibir, en una de las salas del Congreso, un premio concedido por CARACEN, institución asistencial que ayuda a los refugiados, y por WOLA, institución de investigación y presión política, como reconocimiento a su trabajo en favor de los refugiados y a su defensa de los derechos humanos.

AMANDO LOPEZ QUINTANA, S.J. (PIOCHA)
Nació en 1936, en España. Doctorado en teología en Estrasburgo (Francia), en 1970, a poco de llegar a San Salvador fue nombrado rector del Seminario (1971-72). Entre 1975 y 1979 trabajó como rector dcl Colegio Centroamérica de Managua donde ya había sido profesor entre 1959 y 1962, antes de ser ordenado sacerdote. En esos años de insurrección ayudó, aconsejó y acompañó, con discreción y conocimiento de causa. Durante los momentos más duros de los bombardeos somocistas, abrió el Colegio a familias necesitadas de refugio.

Después del triunfo revolucionario fue nombrado rector de la UCA de Managua (1980-82) y su principal trabajo pastoral fue atender a los "Cristianos en la Revolución". Después de un año de refrescamiento teológico en Barcelona (1984) regresó a El Salvador a enseñar teología. En 1989 se incorporó a la comunidad universitaria de la UCA y comenzó a atender la iglesia rural de Tierra Virgen, más allá de Soyapango.
Era un hombre, en el mejor sentido de la palabra, bueno.

JUAN RAMON MORENO PARDO, S.J. (PARDITO)
También nació en España, en 1936. Estudió en el Colegio jesuita de Indauchu, en Bilbao. Ingresó a la Compañía de Jesús y fue enviado a El Salvador. Enseñó en el Seminario de San Salvador distintas ciencias, sobre todo biología. Con los años abandonó la biología pero siempre le interesaron las cuestiones científicas conexas con la filosofía, en particular las relaciones entre biología y ética. En los últimos años se había convertido en un "experto" en computadoras.

Fue maestro de novicios durante 6 años, especialista en los Ejercicios Espirituales, secretario provincial y fundador del Centro Ignaciano de Centroamérica (CICA) en Panamá. En 1980 fue trasladado a Managua y aquí participó en la Cruzada de Alfabetización, reinstaló el CICA, fundó la revista Diakonía, dirigió innumerables tandas de Ejercicios y fue electo presidente de la Conferencia de Religiosos y miembro dc la Junta de Directores de la UCA.

En la UCA de San Salvador trabajaba como bibliotecario del Centro de Reflexión Teológica y como subdirector del Centro de Pastoral Monseñor Romero. El día del crimen los militares, después de asesinarlo, quemaron con lanzallamas sus ficheros, sus computadoras y sus disquetes.

IGNACIO MARTIN-BARO, S.J. (NACHO)
Nacido en Valladolid, e1 7 de noviembre de 1942, y nacionalizado salvadoreño. Hijo y hermano de escritores y editores. Polifacético y superdotado. Doctor en psicología por la Universidad de Chicago. Autor de numerosos libros: Psicodiagnóstico de América Latina; Haciendo la Universidad; Acción e Ideología(1983); Así piensan los salvadoreños urbanos (1987); La opinión pública salvadoreña (1989); Sistema, grupo y poder (1989), entre otros. Un verdadero maestro en psicología social, fue vicepresidente para México, Centroamérica y el Caribe de la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP), de 1987 a 1989.

En los últimos tres años había dirigido la realización de 25 encuestas sobre importantes temas de la vida social salvadoreña: diálogo para la paz, transporte público, situación financiera, sistema educativo, sistema de salud, Esquipulas II, proceso de paz regional, encuestas electorales, situación del campesinado, situación religiosa, situación del empleo urbano, política cultural...

AI momento de su muerte atendía pastoralmente a la comunidad de Jayaque, Pueblo campesino incrustado entre fincas cafetaleras. Su interés por la psicología dc las personas, especialmente las más necesitadas, era, mucho más que académico, profundamente vital y sacerdotal. Una vez una muchacha pobre intentó suicidarse en la calle, cerca de su oficina. El la atendió, la aconsejó y le dijo que, cuando saliera dcl hospital, regresara a hablar con él. Así lo hizo ella. Nacho escuchó, comprendió, la llevó a la cafetería, le dio dinero y le consiguió alojamiento y trabajo. Después del entierro esta joven dijo, entre lágrimas: “yo creía que la bondad no existía... por qué no me morí yo en vez de él...”

Sobre él escribió el Dr. Gerardo Marín, profesor de psicología de la Universidad de San Francisco y presidente de la SIP: "lgnacio Martín-Baró, S.J., fue la perfecta manifestación de la meta del jesuita: ser un hombre para los demás. Se preocupó profundamente por cl bienestar del pueblo, por el papel que los profesionales y los científicos juegan en una sociedad injusta. Se dio a sí mismo, en un casi incansable torbellino dc actividades profesionales y compromisos públicos pero nunca perdió su habilidad para estar cerca dc sus prójimos y amigos. Su amor por la vida y la seriedad dc sus propósitos son distintivos suyos que siempre serán recordados por los que le conocimos. Ignacio rechazaba la injusticia. Como sacerdote católico-romano, su pensamiento sobre la injusticia estuvo influenciado por las tradiciones judeo-cristianas de su iglesia. Como psicólogo, él creía en la utilidad de nuestra ciencia para ayudar a prevenir las injusticias de que él era testigo. Sus últimas palabras, justo antes de ser abaleado en la cabeza, vinieron a ser una denuncia de la injusticia de su muerte" (Interamerican Public Opinion Report, January 1990, p.12).En efecto, una de las testigos del crimen oyó que Nacho se enfrentaba con los verdugos y les gritaba: "Esto es una injusticia, ustedes son carroña...!". ,


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