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LUCES DESDE EL MUNDO ÁRABE

DIJO Almitra: Háblanos del Amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:
Cuando el amor os llame, seguidlo. Aunque su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriere
Y cuando os hable, creed en él.
Aunque su voz destroce nuestros sueños, como el viento del norte devasta al jardín.

Porque así como el amor os corona, así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, Así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo buscareis solamente la paz y el placer del amor.
Entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.
Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con todo vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
. El amor no da mas que a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
E1 amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor

Cuando améis no debéis decir: "Dios está en mi corazón", sino mas bien: "Yo estoy en el corazón de Dios"
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él, si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su ,melodía a la noche.
Saber dlel dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por vuestro propio conocimiento del amor.
Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al medio día y meditar el éxtasis de amar
Volver al hogar al atardecer con gratitud.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón v una canción de alabanza en los labios.

ENTONCES, Almitra habló otra vez: ¿Qué nos diréis sobre el Matrimonio?

Y él respondió, diciendo:

Nacisteis juntos y juntos para siempre. Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.
Sí; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios.
Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura;
Que sea, mas bien, un mar movible entre la orillas de vuestras almas.
Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos... Porque los pilares del templo están, aparte. Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

Una mujer que sostenía a un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.
Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de si misma.
Vienen a través vuestro, pero no vienen de Vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia adelante.
El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os arquea con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana.
Dejad, alegremente, que la mano del Flechero os arquee.

ENTONCES, un hombre rico se acercó y dijo: Háblanos de donación

Y él contestó:

Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseeis
Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dáis.
¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?
Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad santa? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?
¿No es, en realidad, el miedo a la sed cuando el manantial está lleno, la sed inextinguible?
Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.
Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.
Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.

Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.
Y quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.
Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar;
Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio A través de las manos de los que como esos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, Él sonríe sobre la tierra.

Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo;
Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo.

¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar?
Todo lo que tenéis será dado algún día:
Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de vuestros herederos.

Decís a menudo: "Daría pero sólo al que lo mereciera".
Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.
Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.
Todo aquél que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.
Y aquél que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.
¿Y cuál será mérito mayor que el de aquél que da el valor y la confianza -no la caridad- del recibir? ¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?
Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento de donación.
Porque, a la verdad, es la vida la que da la vida, mientras que vosotros. que os creéis dadores, no sois sino testigos.

Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da.
Elevaos, mas bien, con el dador en su donación como en unas alas;
Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tierra como madre y a Dios como padre.


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