Make your own free website on Tripod.com
APORTES DE FREI BETTO

Martes 14 de Octubre de 2003 | Managua, Nicaragua

Publicado en el Nuevo Diario.

Carta al Che Guevara
Frei Betto
Managua

Querido Che: Ya pasaron muchos años desde que la CIA te asesinó en las selvas de Bolivia el 8 de octubre de 1967. Tenías 39 años de edad. Tus verdugos pensaban que, al acribillarte a balazos, pues te capturaron vivo, condenarían tu memoria al olvido. Ignoraban que, al contrario de los egoístas, los altruistas nunca mueren. Los sueños libertarios no se confinan en jaulas como pájaros domesticados. La estrella de tu boina brilla más intensa, la fuerza de tus ojos guía a generaciones por los caminos de la justicia, tu semblante sereno y firme inspira confianza a quienes combaten por la libertad. Tu espíritu trasciende las fronteras de Argentina, Cuba y Bolivia y, cual llama ardiente, inflama todavía hoy el corazón de muchos.

En estos treinta y seis años ha habido cambios radicales. Cayó el muro de Berlín, sepultando el socialismo europeo. Muchos de nosotros sólo hasta ahora comprendemos tu osadía al señalar, en Argelia en 1962, las hendiduras de los muros del Kremlin, que nos parecían tan sólidos. La historia es un río veloz que no respeta obstáculos. El socialismo europeo intentó congelar las aguas del río con el burocratismo, el autoritarismo, la incapacidad de extender a la vida diaria el avance tecnológico propiciado por la carrera espacial y, sobre todo, se revistió de una racionalidad economicista que no hundía sus raíces en la educación subjetiva de los sujetos históricos: los trabajadores.

Quién sabe si fuera otra la historia del socialismo si hubiesen prestado atención a tus palabras: ³El Estado a veces se equivoca. Cuando sucede uno de esos errores, se nota una disminución del entusiasmo colectivo debido a una reducción cuantitativa de cada uno de los elementos que lo forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el momento de rectificar².

Che, muchos de tus recelos se confirmaron a lo largo de estos años y han contribuido al fracaso de nuestros movimientos de liberación. No te escuchamos lo suficiente. Desde Africa escribiste en 1965 a Carlos Quijano, del periódico ŒMarcha¹ de Montevideo: ³Déjeme decirle, a costa de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario es guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un auténtico revolucionario sin esta cualidad².

Algunos de nosotros, Che, abandonaron el amor a los pobres que, hoy, se multiplican en la Patria Grande latinoamericana y en todo el mundo. Dejaron de guiarse por grandes sentimientos de amor para ser absorbidos por estériles peleas partidarias y, a veces, hacen enemigos de los amigos, y de los auténticos enemigos aliados. Minados por la vanidad y por la disputa de espacios políticos, ya no tienen el corazón inflamado por los ideales de justicia. Se mantienen sordos a los clamores del pueblo, perdieron la humildad del trabajo de base y ahora trocan utopías por votos.

Cuando el amor se enfría, el entusiasmo disminuye y la dedicación se apaga. La causa como pasión desaparece, igual que sucede con el romance en una pareja que ya no se ama. Lo que era Œnuestro¹ resuena como Œmío¹ y las seducciones del capitalismo ablandan los principios, cambian los valores y, si todavía proseguimos en la lucha, es porque la estética del poder ejerce mayor fascinación que la ética del servicio.

Tu corazón, Che, latía al ritmo de todos los pueblos oprimidos y expoliados. Peregrinaste de Argentina a Guatemala, de Guatemala a México, de México a Cuba, de Cuba al Congo, del Congo a Bolivia. Saliste todo el tiempo de ti mismo, ardiente de amor que, en tu vida, se traducía en liberación. Por eso podías afirmar con autoridad que ³es preciso tener una gran dosis de humanidad, de sentido de justicia y de verdad para no caer en extremismos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Es necesario luchar todos los días para que ese amor a la humanidad viva se transforme en hechos concretos, en gestos que sirvan de ejemplo, de movilización².

¡Cuántas veces, Che, se resecó nuestra dosis de humanidad, calcinada por dogmatismos que nos hincharon de certezas y nos dejaron vacíos de sensibilidad hacia los dramas de los condenados de la tierra! ¡Cuántas veces nuestro sentido de verdad cristalizó en ejercicio de autoridad, sin que correspondiésemos a los anhelos de quienes sueñan con un pedazo de pan, de tierra y de alegría! Tú nos enseñaste un día que el ser humano es el ³autor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y de miembro de la comunidad². Y que éste no es ³un producto acabado. Los vicios del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que estar haciendo un permanente trabajo para erradicarlos².

Quizá nos ha faltado destacar con mayor énfasis los valores morales, las emulaciones subjetivas, las ansias espirituales. Con tu agudo sentido crítico tuviste cuidado de advertirnos que ³el socialismo es joven y contiene errores.

Los revolucionarios carecen muchas veces de conocimientos y de la audacia intelectual necesarios para encarar la tarea del desarrollo del hombre nuevo por métodos distintos de los convencionales, pues los métodos convencionales sufren la influencia de la sociedad en que nacieron².

A pesar de tantas derrotas y errores logramos conquistas importantes a lo largo de estos treinta años. Los movimientos populares irrumpieron en todo el continente. Hoy en muchos países están mejor organizadas las mujeres, los campesinos, los obreros, los indios y los negros. Entre los cristianos, una parte significativa optó por los pobres y creó la Teología de la Liberación.

Sacamos importantes lecciones de las guerrillas urbanas de los años 60, de la breve gestión popular de Salvador Allende, del gobierno democrático de Maurice Bishop en Grenada, masacrado por las tropas norteamericanas, de la ascensión y la caída de la revolución sandinista, de la lucha del pueblo de El Salvador. En Brasil llegó al gobierno el Partido de los Trabajadores, con la elección de Lula, en Guatemala las presiones de los indígenas van conquistando espacios significativos, en México los zapatistas de Chiapas ponen al desnudo la política neoliberal.

Hay mucho que hacer aún, querido Che. Conservamos con cariño tus mayores herencias: el espíritu internacionalista y la revolución cubana. Ambas se intercalan hoy como un solo símbolo. Comandada por Fidel, la revolución cubana resiste al bloqueo imperialista, la caída de la Unión Soviética, la carencia de petróleo y los medios que tratan de satanizarla. Resiste con toda su riqueza de amor y de humor, salsa y merengue, defensa de la patria y valorización de la vida. Atenta a tu voz, ella desencadena el proceso de rectificación, consciente de los errores cometidos y empeñada, a pesar de todas las dificultades actuales, en hacer realidad el sueño de una sociedad en la que la libertad de uno sea la condición de justicia del otro.

Desde donde estás, Che, bendice a todos cuantos comulgamos en tus ideales y tus esperanzas. Bendice también a los que se cansaron, se aburguesaron o convirtieron la lucha en una profesión en beneficio propio. Bendice a quienes tienen vergüenza de confesarse de izquierda y de declararse socialistas.

Bendice a los dirigentes políticos que, una vez destituidos de sus cargos, nunca más visitaron una favela ni apoyaron una movilización. Bendice a las mujeres que, en casa, descubrieron que sus compañeros eran lo contrario de lo que aparentaban fuera, y también a los hombres que luchan por vencer el machismo que los domina. Bendícenos a todos nosotros que, ante tanta miseria como queda por erradicar de las vidas humanas, sabemos que no nos queda otra vocación, sino la de convertir los corazones y las mentes, revolucionar la sociedad y los continentes. Bendícenos especialmente para que todos los días seamos motivados por grandes sentimientos de amor, de forma que podamos recoger el fruto del hombre y de la mujer nuevos.

***

Brasil y Nicaragua
-Frei Betto-

Managua
Estuve ligado a Nicaragua desde el comienzo de la Revolución Sandinista.
Con Lula acudí a la conmemoración del primer aniversario de la Revolución, en Managua, el 19 de julio de 1980. En aquella ocasión conocimos a Fidel Castro. Entre 1979 y 1988 asesoré al Frente Sandinista en la relación cristianismo y marxismo, así como en el trabajo de la educación popular.

Muchos factores contribuyeron al fracaso del sandinismo. Factores externos, como la presión del gobierno Reagan, el terrorismo de los 'contras' financiados por los E.U, la imposibilidad de que la Unión Soviética diera un apoyo más efectivo, como había hecho con Cuba en décadas anteriores. Y factores internos, como el progresivo distanciamiento entre los dirigentes sandinistas y el pueblo, la falta de un trabajo entre las bases populares, la incapacidad del Frente Sandinista para articular un conjunto de fuerzas internacionales que obligase al gobierno de Reagan a dar marcha atrás en la agresión a Nicaragua.

Los sandinistas hicieron una revolución. Lula ganó una elección. Se trata de una diferencia fundamental: Lula no provocó una ruptura institucional.

Por lo que se equivocan quienes esperan de este gobierno actitudes y consecuencias propias de una revolución. Por haber llegado al poder por la vía de la institucionalidad burguesa, Lula debe respetar las reglas del juego democrático, está obligado a negociar con los poderes Legislativo y Judicial.

Mediante una amplia coalición partidaria, el gobierno va creando las condiciones para implementar reformas en la estructura brasileña, dos de las cuales se implementaron en el primer año de gobierno: la previsional y la tributaria. En este año de 2004 será prioritaria la reforma agraria. Comenzaron también los trabajos para operativizar las reformas laboral y política. Y también se está gestando la reforma del sistema judicial. La prioridad del gobierno es el área social. Reducir la brutal desigualdad entre las clases sociales en el Brasil, donde el 10% más rico detenta el 42% de la riqueza nacional, mientras el 10% más pobre comparte apenas el 0.9% de la riqueza. Somos 175 millones, de los cuales sólo 40 millones tienen acceso al mercado de consumo superfluo; y 44 millones viven en estado de miseria y desnutrición.

Por eso, el gobierno prioriza el programa Hambre Cero, que trata de no sólo erradicar el hambre, sino también de promover la inserción social de 11.3 millones de familias. En el 2003, gracias a la interacción entre los programas Hambre Cero y Bolsa Familiar -creado para reforzar al anterior- fueron beneficiadas 3.6 millones de familias. Todas con condicionantes o, si prefieren, con deberes, como el acompañamiento prenatal a las mujeres embarazadas, la asistencia sanitaria a los recién nacidos, la alfabetización de adultos, la escolaridad de niños y jóvenes, etc.

Los programas sociales de nuestro gobierno se apartan del carácter asistencialista. Un programa asistencialista es aquel en el que el beneficiario retrocede en sus derechos sociales cuando el proveedor -en este caso el Estado- deja de ayudarlo. El Hambre Cero y la Bolsa Familiar fueron pensados para emancipar a las familias beneficiarias de la dependencia del poder público, a través de los mecanismos de transferencia de renta y de políticas públicas, como alfabetización, salud, escolaridad, cooperativismo, microcrédito, etc.- capaces de crear las condiciones necesarias para que la familia avance de la exclusión a la inclusión social.

El desafío del gobierno en este año 2004 es adecuar la política económica a las prioridades de la política social, generando empleos, promoviendo la reforma agraria, combatiendo la violencia. Al contrario que en la Nicaragua sandinista, no tenemos a Reagan a nuestra espalda, pero tenemos la deuda externa, que embarga los recursos del país; no tenemos la agresión de los 'contras', pero tenemos el narcotráfico y una situación de violencia que desemboca en casi 40 mil asesinatos al año; no hicimos ni pretendemos hacer una reforma institucional, pero debemos realizar cambios de estructuras para reducir el impacto, en la nación, de las políticas neoliberales, como la reducción del desempleo.

Queremos, sí, un gobierno con amplia participación popular, lo que explica el hecho de que Lula haya creado, para su asesoría, un sector de Movilización Social, en el cual yo ejerzo mi trabajo.

+++

Mi lista de Navidad

—Frei Betto —

En esta Navidad no quiero al Papá Noel de las promociones comerciales, de las cenas pantagruélicas, de los regalos caros envueltos en papeles llamativos.

Quiero al Niño Jesús nacido en el corazón hecho pesebre, esperanza encendida en un prado de Belén; quiero a María cantando que los orgullosos serán despedidos con las manos vacías y los pobres saciados de bienes.

No quiero el Papá Noel de los mercados adornados del celofán brillante de las canastas con productos importados, de las botellas con que los necios ahogan sus tristezas maquilladas de alegría. Quiero al Niño palestino buscando una tierra en que nacer y vivir, al Niño judío heraldo de la paz en la tierra para los hombres y mujeres de buena voluntad, al Niño alejado de la estupidez de las guerras.

En esta Navidad ahorraré abrazos protocolarios y sonrisas forzadas, sentimientos retóricos y emociones que encubren la aridez del corazón. Quiero el amor sin dolor, la oración sin alabanzas, la fe unida al sabor de la justicia.

No quiero regalos de los ausentes, la litúrgica reverencia a las mercancías, la romería pagana a los templos consumistas de los shopping-centers. Quiero el pan en la boca de los niños hambrientos, la paz que llegue a los espíritus atribulados en los campos de batalla, el gozo de contemplar al Invisible.

En esta Navidad no quiero ese pavoroso intercambio de regalos entre manos que no se abren en solidaridad, compasión y cariño sin pudor. Quiero al Niño suelto en lo más íntimo de mí mismo, sembrando ternura en todos los prados en los que las piedras sofocan a las flores.

No quiero ese ruido urbano que estraga el alma, los oídos pegados a los teléfonos, el olfato condenado a sentir olores insalubres, la boca llena de palabras inútiles, carentes de verdad y sentido. Quiero el silencio de mi propio misterio, el canto armonioso de la naturaleza, la mano extendida para levantar al otro, la fraternidad de los amigos bendecidos por una perenne complicidad.

En esta Navidad no me interesan las oscilaciones de los índices financieros, las promesas viciadas de los políticos, las tarjetas impresas a granel, llenas de colorido y vacías de originalidad. Quiero las más tiernas evocaciones: el aroma del café colado en la mañana por mi abuelo, el sonido de la campana de la iglesia parroquial, el radio pregonando jabón Eucalol mientras mamá me miraba saltando en la tierra.

No quiero las amarguras familiares que se guardan como polvo entre los pliegues del alma, las envidias que me alienan de mí mismo, las ambiciones que me vuelven triste como las gallinas, que tienen alas y no vuelan. Quiero las rodillas dobladas en el atrio de la iglesia, la cabeza inclinada hacia el Trascendente, la perplejidad de José ante la inusitada gravidez de María.

En esta Navidad no iré a las calles atestadas de vendedores de bienes finitos, ni disfrazaré de algodón la nieve que se amontona en mis sinsentidos, ni instalaré campanillas falsas en el frontispicio de mi indiferencia.

Quiero el cuchicheo de los ángeles, la alegría desdentada de un pobre reconocido en su derecho, la euforia inmaculada de un bebé acogido en brazos amados.

No viajaré lejos de mí mismo, buscando una tierra en la cual yo mismo me sienta extranjero, hablando un idioma cuyo significado se me escapa. Hurgaré en lo más profundo de mi subjetividad, allá donde las palabras callan y la voz de Dios se deja oír como llamada y desafío.

En esta Navidad no llenaré mi verano con castañas y nueces, panetones y carnes grasientas. No dejaré resbalar lo que me queda de sensatez por el cuello de una bebida destilada. Pondré sobre la mesa a Dios encerrado en pan y en vino e invitaré a la fiesta a los hambrientos de bienaventuranzas.

No rezaré por la biblia de los que profesan el miedo, ni encenderé velas a los guardianes del infierno. No seré el escalador de ambiciones desmedidas, ni el sepulturero de utopías libertarias. Enarbolaré sobre el tejado la bandera de sueños inconfesados y sembraré estrellas en el jardín de mis encantos, allí donde cultivo la dulce pasión que me hace sufrir añoranzas de cuanto es tierno.

En esta Navidad haré con mis corbatas una inmensa cuerda para ahorcar el cinismo de las convenciones sociales y descenderé uno a uno los escalones de los poderes podridos, hasta ingresar en los subterráneos repletos de luz de los siervos de la esperanza. No encubrirá sentimientos ni encantos.

Andaré desnudo por las calles para que todos vean como el tiempo arrugo delicadamente mi piel, imprimió flacidez a esos miembros preñados de historia y me cubrió de pelos blancos como el frescor de la vejez coherente.

No aceptaré brindis de manos que no se tocan, ni iré a las cenas de quienes se devoran. No comeré del pastel que hincha corazones y mentes, ni dejaré que la aurora del Niño me sorprenda ahíto de sueño.

Alimentado como un pájaro, saldré de noche feliz guiado por la estrella de los magos; bailaré aleluyas entre las galaxias de la Vía Láctea y por la mañana injertaré poesía en cada rayo de sol para que todos despierten embriagados como si fuesen mariposas libres del capullo.

En esta Navidad no diré adiós al siglo que termina y al milenio que se acaba, en los cuales recibí la vida, la fe y más preguntas que respuestas. Pisaré cuidadoso entre muertos inocentes y alientos frustrados, y le preguntaré al monitor electrónico cuántos fueron los sinsabores diseminados por la fiera disfrazada de humano.

De acuerdo con el Niño dejaré que las aguas laven el reverso de mi piel y enseguida caminaremos silenciosos rumbo al nuevo siglo y al tercer milenio. Y yo estaré con los ojos fijos en el Niño para que su palabra se haga carne en mi corazón de piedra, cuidando de que él crezca desclavado de la cruz, exaltado por la victoria ineludible de la Resurrección.

------------------------------

A


Mi Lista Llamativa de Enlaces

Vuelvo a FE LIBERADORA
Voy al Menú Principal

EL FUNDAMENTALISTA

El fundamentalista

FREI BETTO*

Caracas (Venezuela) - 18 de agosto de 2004

Cree que conoce la única verdad verdadera. Y repudia a quien no piensa como él. Si pudiera, abriría la cabeza del vecino para inculcarle sus ideas y convicciones, su ideología o religión. El fundamentalista es intolerante con los otros y tolerante consigo mismo. Aunque calle ante una opinión diferente, está convencido que solo él sabe lo que es verdadero y lo que es errado. Juzga que su moral tiene un valor universal, que su política es la más justa, y su creencia es la respuesta a todos los misterios.

Si soporta la contradicción es porque no dispone de herramientas de poder para imponer su punto de vista en los corazones y sus mentes.

Pero con poder, el fundamentalista mata en nombre del pacifismo, asesina para preservar la democracia y tortura en defensa de la libertad.

El fundamentalista es un demente que llega al extremo de proclamar orgullosamente su salud mental. Y cree que sus enemigos están desprovistos de razón. Sólo el está en lo cierto. En su cabeza no hay lugar para la duda, la pregunta o la autocrítica. Aunque tenga educación se cree superior a sus interlocutores. Y cree que la humanidad sería mucho mejor si muriesen todos lo que no piensan como él, sobreviviendo apenas aquellos que coinciden con su visión de mundo.

El fundamentalista es, por naturaleza, un terrorista. Aunque no ate bombas a su cuerpo y no haga explotar edificios, jamás admite que sus subalternos tengan una opinión contraria, que la mujer lo desdiga, o que un amigo quiera desmentirlo. Desde lo alto de su “belvedere”, donde solo hay un lugar para una única persona -él-, el fundamentalista mira todas las cosas convencido de que solo sus ojos visualizan la amplitud y la profundidad de lo real.

No soporta la dialéctica. Maniqueísta, divide el mundo entre el bien y el mal. Para el, no hay purgatorio, solo cielo e infierno. Sectario, no admite matices, consideraciones o reticencias. Imprime a su palabra peso definitivo. Y, vencida su razón, reacciona con emoción y ataca con violencia a quien osa disentir con él.

Amós Oz, un escritor israelí, define al fanático -sinónimo de fundamentalista- como a una criatura bastante generosa, altruista, pero interesado, ya que insiste en salvar nuestra alma, liberarnos del pecado, redimirnos, mejorar nuestros hábitos alimentarios.

El fundamentalismo es una enfermedad senil de la infantilidad intelectual. Sus argumentos son pueriles y su lógica, malvada. Reduce la pluralidad a la estrecha unicidad de su óptica; impone el monopolio de su tesis; odia la diversidad; hace de la retórica un arma para destruir, no los argumentos ajenos sino la buena fama de quien no se somete a la opulencia de su verba. Está convencido de que entre el y Dios no hay intermediarios ni mediaciones.

El fundamentalista confunde su momento personal con su tiempo histórico. Cree que siglos de dudas e indagaciones convergen en su tiempo presente, en el cual él trae la luz capaz de provocar epifanías. El no debate, vocifera; no propone, determina; no discierne, delimita; no opina, juzga; no sugiere, ordena; no discorda, censura; no concilia, condena.

El fundamentalista es por naturaleza dictatorial. Nada le incomoda tanto como la diversidad de ideas y la variedad de prácticas. Su medida del mundo es el mismo, porque ve la realidad más desde su propio ombligo que desde sus ojos.

Irreductible en su punto de vista, no se da cuenta de que tiene la vista atada a un punto. Piensa que abarca todas las dimensiones de lo real. Adora los sofismas, confunde lo legal con lo justo, hermana pobreza con ignorancia. Es la víctima de esa alucinación persecutoria que identifica fantasmas amenazadores en todas partes. Está movido por una mórbida tendencia a la venganza. Su único placer es el dolor de quienes no quiere.

El fundamentalista siente horror al misterio y muere de miedo de que descubran sus flaquezas. Es individualista y solo se junta con el grupo si se le da el papel de mentor o gurú. A las pruebas científicas que contrarían sus convicciones, responde con argumentos subjetivos. En fin, es un aburrido, no de galochas sino de tacos altos. Y carece de sentido de humor.

Frei Betto

Escritor e autor, conjuntamente con Luiz Fernando Veríssimo y otros, de “O Desafio Ético” (Garamond), entre otros títulos.